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viernes, 17 de junio de 2022

UN NUEVO COMIENZO

POR JOSÉ LEFIAN H. 



Caminaba por la estrecha carretera en dirección al balneario Pucatrihue, lugar qué se encontraba a más de cien kilómetros de distancia de mi posición. El calor de la tarde me aturdía y me hacía desear estar lo más pronto posible en mi destino. Motivado por ese deseo comencé a pedir un aventón para acortar el largo trecho, pero ningún auto me paraba, parecían todos muy entretenidos en lo suyo, parecían todos muy seguros y cómodos en sus ambientes. Así que continúe caminando y caminando de la forma en que solo pueden caminar aquellos malaventurados que escapan de una mala racha. La indiferencia del mundo me hacía sentir como una tortuga en una carrera de galgos, me hacía sentir como un desertor abandonado a su suerte en pleno desierto. Después de varias horas de caminata el agotamiento comenzó a apoderarse de mis piernas y el dolor comenzó a llenar mis suelas. Entonces decidí que era hora de descansar. A lo lejos divisé un grandioso árbol situado a un lado del camino que se robaba todas las miradas. Era hermoso y a la vez perfectamente frondoso. “El árbol perfecto para recuperar energías” me dije. Cuando estuve a pocos metros de él me di cuenta que no me equivocaba; era un alcanforero impresionante, verde e imponente como él solo, grande como son únicamente aquellos árboles que están desde antes que nacieras y que seguirán estando después de tu muerte. Me senté en sus sobresalientes raíces para disfrutar de la quietud y de la benevolente sombra. Allí reflexioné sobre mi situación; deduje que los tiempos habían cambiado, qué años atrás me hubieran llevado en apenas cortos quinces minutos de hacer dedo, lo sé porque me sucedió, lo sé porque lo recuerdo, pero en este mundo actual una cara desconocida es una cara enemiga, alguien que no es bienvenido ni lo será. “En qué sociedad apática e indiferente nos han convertido” me dije. Bebí agua de mi botella y me fumé un cigarrillo. La calma que me daba el protector árbol y la dulce nicotina terminaron por adormecerme. En ese estado estuve durante horas, lo que demostró que el cansancio era real. Desperté por culpa del frío cuando ya todo estaba oscuro, tan oscuro que el silencio reinaba la carretera. “Todos duermen a esta hora en sus camas, incluso la luna” me dije.  Imaginé que debían ser las tres de la madrugada, qué es la hora en que solía despertar cuando el fresco nocturno del verano wuilliche me encontraba en algún sitio sin techo y sin abrigo. No me quedó otra opción que taparme con mi viejo chaquetón e intentar conciliar el sueño una vez más. Descansar para después continuar. Mañana sería otro día y confiaba en que la apatía no llenara los corazones de cada uno de los choferes, confiaba en que algún buen samaritano se apiadara de mi situación y me permitiera subirme a su auto para acercarme hasta aquel balneario en donde me aguardaba una habitación con cama para mí solo y un digno trabajo qué me mantendría el cuerpo y la mente ocupados. Era un nuevo comienzo el que me esperaba en Pucatrihue, un nuevo comienzo que aún se me mostraba a ochenta kilómetros de distancia. 






*Cuento corto seleccionado para publicación en el II Concurso Literario Solidario Internacional 2022, organizado por la Fundación Latinoamericana de Argentina (FUNDAL)

https://fundal.org/premiaciones-concurso-literario-solidario-internacional-2022/
 https://fundal.org/dats/participantes-Chile.pdf

jueves, 4 de febrero de 2021

La culpa

 



Nunca creyó en la pandemia, para ella eran inventos de la elite mundial en complicidad con las clases dominantes de cada país con el objetivo de mantenernos controlados y con miedo. Su familia compuesta por cuatro personas; ella, sus padres y su abuela, tampoco creían y se burlaban de las advertencias que se repetían por las redes sociales y en los canales de televisión, pero eso ocurrió solo después del discurso apasionado de ella, evidenciando un supuesto complot global, el cual también ponía en duda los protocolos que nos obligaban a acostumbrarnos a una nueva vida. Así continuaron su vida de manera normal, ella siempre salía con sus amigas a pesar de la cuarentena, sus padres también, pero estos obligados por el trabajo, su abuela un poco más indecisa, decidió no salir a menos que fuera por motivos estrictamente necesarios, pero continuaba asegurando ante la familia que todo era una farsa, que los muertos eran por gripe común, aunque por dentro una vocecita comenzó a incomodarla, una vocecita que le decía que no se tomara todo a la ligera, que la situación podría ser mucho más peligrosa de lo que creían, como presagiando la tragedia.

No se sabe exactamente quién llevó el virus a la casa, no se sabe si fue la irresponsabilidad e inconciencia de ella o el destino y  la mala suerte de sus padres, y mejor no saberlo nunca. Esas son culpas qué solo la propia persona debe procesar y sanar. Ahora que quedan solo dos personas en la familia, el discurso apasionado en contra del virus se apagó y se convirtió en un silencio que cuatro meses después continúa doliendo.





*Relato escogido como obra destacada y publicado en la Revista Tinta Nova de Rosario, Argentina. 

https://diariotintanova.com/revista-nova-quinta-edicion/

https://www.criterioonline.com/2021/02/01/distincion-literaria-para-poeta-de-dolores-en-rosario/

MI AMIGO VASKA

  Mi abuela siempre decía que ella, mi madre y yo, sobrevivimos al duro bloqueo de Leningrado y al hambre sólo gracias a nuestro gato Vaska....